Aprendiendo a cantar (II)

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Mi si canta

 

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Quizás el principal problema con el que nos encontramos a la hora de aprender a cantar sea el de la tensión muscular excesiva. Son muchos los lugares del cuerpo donde se puede focalizar esa tensión que nos impide cantar con comodidad: los músculos respiratorios, el plexo solar, los hombros, el cuello, la mandíbula, la lengua, el rostro… Pero, ¿por qué se producen todas esas tensiones?

Las cuerdas vocales tienen un funcionamiento automático e inconsciente, como el corazón, el hígado, los riñones, etc, pero eso es algo que nos cuesta mucho entender y asumir, y queremos que el acto de cantar sea algo que debemos producir conscientemente. Pues bien, abandonemos esa idea, los que tenemos que conseguir es inhibir toda la musculatura que entorpece la sana y relajada fonación para que el canto se produzca de forma natural.

Imaginemos a una persona que desde que tiene uso de razón se presiona continuamente el pecho encima del corazón de manera intermitente para conseguir que éste continúe latiendo. Un médico le diría que dejara de hacerlo, le explicaría que el corazón late solo, pero aún así, el paciente tendría miedo de separar su mano del pecho. Por eso se iniciaría una terapia en la que el médico trataría de ir haciendo relajar paulatinamente el brazo, la muñeca, separando la mano del pecho en cortos lapsos, y así hasta que el paciente se convenciera de que el corazón late solo, y que puede confiar en su inconsciente.

La situación descrita resulta un tanto extravagante, pero no dista mucho de lo que nos encontramos en las aulas todos los días. Las cuerdas vocales funcionan gracias a sus músculos (crico-aritenoideos) y al aparato respiratorio, y nuestro entrenamiento debe estar enfocado a lograr que estos funcionen libres y relajados. Cualquier tensión en el momento de cantar desencadena una serie de reacciones que llevan a la intervención de muchos músculos que no tienen ningún papel activo en la fonación, pero que creemos que así debe de ser simplemente porque son músculos que sí podemos controlar. No hay nada que me satisfaga más como profesor que esos momentos en los que los estudiantes logran por fin el sonido que buscamos y dicen “pero así es muy fácil”. Pues sí, cantar es más fácil de lo que solemos creer, el problema es que es muy difícil aprender a hacerlo bien.

Cuando logramos relajar toda la musculatura supérflua y nos dejamos sorprender por el sonido que somos capaces de emitir de forma relajada, llegamos a tener la sensación de que no somos nosotros los que hemos emitido ese sonido.

Cuentan que en una ocasión se acercó una joven estudiante al gran barítono Carlo Tagliabue (en la foto de arriba) y le preguntó “Ma signore, lei come canta?”, a lo que él respondió “Ma io non canto, signorina, mi si canta” (yo no canto, señorita, se me canta).

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